jueves, 18 de septiembre de 2008

La ciudad y los perros

El libro de la Ciudad y los Perros es una forma un poco eufemística de presentar una realidad en un colegio militar, concretamente el Colegio Leoncio Prado en Perú. Podría ser presentada con mayor brutalidad. La trama se teje con las vivencias de varios alumnos presentados bajo pseudónimos tales como El Boa, EL Jaguar, el serrano Cava y otros, los cuales cursan sus estudios y están deseosos de salir definitivamente de ese hoyo donde se encuentran atrapados.

En las vivencias hay varias experiencias no muy agradables y se agravan cuando se produce el robo de un examen. Se desenvuelven en un mundillo de falsos valores, engaños y condiciones de un sistema decadente, los mueven a mostrar una virilidad sin sentido, hay engaños astutos, es decir como es la vida misma, dentro y fuera de tal colegio militar. No hay nada nuevo.  Experimentan castigos injustos. En fin no representa lo que se llamaría un modelo de enseñanza, menos en un tema tan espinoso como es el mundo castrense en donde más bien se tiende a apuntalar y sacar todo el provecho posible de su condición de hombres.

Hay un ambiente pesado, incómodo. Como una especie de vía de escape, los alumnos crean su propia forma de evadir la realidad ó al menos de soportarla. Se crea una especie de círculo de amigos con ideas coincidentes.

Por otro lado, también se presentan situaciones alrededor de líos amorosos, que al final terminan con resultados no esperados y desagradables para unos.

En fin, hay un sinnúmero de vivencias que en conjunto presentan una interesante forma de mostrarnos una faceta de la vida de estos alumnos. Aquí no se trata de conocer la buena o mala educación militar recibida. De hecho no es la mejor. Pero para nuestros efectos académicos, lo que interesa es la forma en que se pretende llevar a los alumnos a una situación totalmente chocante, deplorable, nada fructífera.  Pero también hay que reconocer que desde el principio tenemos la batalla perdida. Se trata de una escuela militar, en donde lo que interesa es dotar a los alumnos del pensamiento necesario para aniquilar a sus congéneres, al enemigo el cual es el hombre mismo.

Entonces bajo esta perspectiva, cualquier buena o mala educación brindada, es de por si mala. Se educa para ser sanguinario y como tal se logra en dos niveles, 1 – a lo interno con su “ ambiente inapropiado “ y 2 – con el objetivo medular primordial de la escuela militar.

Como corolario, vemos un sin sentido desde el punto de vista humano. El ambiente descrito, obviando si fue real ó ficticio en Perú, no aporta ninguna contribución al ser humano como tal. A educar su carácter, sentimientos, positivismo, humanismo y otras virtudes que deberían ser objetivo de búsqueda pedagógica, pero en este lamentable ambiente, no es posible, no se puede pretender enseñar virtudes en el infierno y como tal la ambientación es propicia para sus fines. 

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